LA PESADILLA por Carla Rodríguez Martín 1º ESO A

El llanto de mi hermana ha vuelto a despertarme. Mis padres van corriendo por la casa buscando el biberón y el chupete. Me bajo de la litera ya que con esos chillidos no puedo dormir. Miro el reloj y son las 6:45 horas de la mañana. Voy al baño, cierro la puerta y me lavo la cara. Cuando me la estoy secando me percato de que mi hermana ya no llora.

 

– Qué raro, casi nunca tarda tan poco en parar de llorar – pienso.

 

Abro la puerta y me doy cuenta de que todo parece más viejo como si hubiese avanzado varios años en el tiempo; la pintura se cae y algunas cosas están destrozadas. Voy a mi cuarto y no está mi hermana, voy al cuarto de mis padres, a la cocina, al comedor, pero todo está desierto y me empiezo a poner nerviosa y a asustarme; voy a la calle y pego un grito que nadie ha podido oír, las calles están desiertas, plantas enormes de diferentes colores y tamaños lo invaden todo, los edificios apenas se ven por la hiedra.

 

– ¡¿Qué está pasando !? ¡¿ Por qué está todo desierto!? – Grito aterrada.

 

Después de varios días explorando este lugar he encontrado un gran agujero en el suelo, tan profundo que parece no tener fin. Varias veces se me ha ocurrido tirarme, pero no he tenido el suficiente valor. Quiero saber qué ha pasado y este agujero puede ser parte de la respuesta.

 

Hoy por fin he decidido lanzarme al agujero; quizás ahí dentro esté mamá, papá o mi hermanita. Me tiro y después de varios minutos cayendo que parecen horas, caigo y siento un dolor en mi muñeca derecha. Todo está oscuro. Me levanto y empiezo a andar, y cuanto más ando más se escucha una música y de repente, una luz cegadora y personas hablando muy alto, abro los ojos y …

Escucho a mi padre gritándome que llego tarde al instituto.


FIESTA DE MUERTE por Lorena Rodríguez Blanco 1ESO

La música de aquella fiesta de Halloween resonaba por todo el barrio. Cientos de adolescentes del instituto “Society”

bailaban en la fiesta de Emma, la chica más popular de todo el instituto. Todos lo estaban pasando muy bien hasta que a James, el mejor jugador del equipo de fútbol del colegio, se le ocurrió ir a la cocina para ver si quedaba algún tipo de bebida en aquel gran congelador. Cuando lo abrió, vio el cuerpo descuartizado de su gran amigo Adam, el cual se había disfrazado de carnicero. Se quedó congelado, pero al cabo de unos segundos empezó a correr gritando hacia el salón. Todos entrelazaron miradas de pánico y, en menos de un segundo, tres chicas vestidas de mariposa cayeron dramáticamente desde el segundo piso. Todos empezaron a gritar y a correr hacia las salidas y ventanas de la primera planta. Entre la multitud, unos arroyaban y pisoteaban a otros para ser los primeros en salir, hasta que cinco minutos después, todo el caos pasó y las puertas y ventanas se cerraron. Emma, James y un chico un curso menor que ellos se quedaron encerrados dentro de aquella grande y tenebrosa casa. Se miraron entre ellos, estaban heridos, y se alejaron unos de otros. Nadie podía saber si el asesino seguía entre ellos, o peor, si era uno de ellos. Aquel silencio sordo fue interrumpido por el sonido del timbre de la puerta. Los tres estaban desesperados y alarmados, no sabían qué hacer hasta que una grave voz que venía desde fuera dijo:

– ¿Hola? ¿Hay alguien ahí?-”.

Ellos intentaron abrir la puerta pero por más que trataban de hacerlo la puerta estaba atascada.

-¡Señor ayúdenos, por favor!-Dijo James desesperado.

Después de un breve silencio, las luces empezaron a parpadear y los tres se alejaron de la puerta rápidamente. Una presencia extraña la derrumbó y ellos abrieron bien los ojos. Quien estaba en la puerta era un señor alto y delgado, llevaba una capucha y un hacha y no tardó ni diez segundos en decir a medida que iba señalando a todos los cuerpos del salín y de la cocina:

-Tranquilos chicos, ya estoy aquí para ayudaros. Sé que os lo estáis pasando muy bien, una pena que vuestras amiguitas ya no puedan decir lo mismo-.

Los cuatro se miraron entre ellos y James, Emma y el chico no tardaron ni un segundo en decidir echar a correr hacia el dormitorio de invitados que había en esa misma planta. Mientras ellos corrían se dieron cuenta de que estaban siendo perseguidos por aquel tipo del hacha, lo que hizo que James se quedara petrificado haciendo que sus piernas automáticamente dejaran de correr. Emma y el chico llegaron al cuarto de invitados y lo último que supieron de James fue un grito de terror. Los pasos de aquel asesino cada vez se sentían más cercanos y, al cabo de un minuto, consiguió entrar en aquella estancia. Emma escondió al chico detrás de ella intentando protegerlo, pero de repente sintió un gran pinchazo en su costado: el chico la había apuñalado, varias veces, hasta dejarla sin vida.